El juego de pelota prehispánico, conocido en Sinaloa como Ulama, es hoy una de las expresiones culturales más importantes que se conservan de manera auténtica en México. El Dr. Servando Rojo Quintero, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Sinaloa, mencionó recientemente que a diferencia de otras regiones mesoamericanas donde desapareció tras la llegada de los frailes y la imposición de nuevas prácticas religiosas, en comunidades del sur y centro-norte del estado este juego sigue transmitiéndose de generación en generación.
El Ulama se practica en distintas modalidades: de cadera, en municipios como Escuinapa, San Ignacio y Mazatlán; de antebrazo, en localidades como Navolato, Mocorito, Salvador Alvarado, Angostura y Guasave; y de mazo, variante hoy casi extinta pero que busca recuperarse. Su vigencia ha sido posible gracias a familias portadoras de la tradición y a la organización comunitaria que mantiene vivas las canchas, conocidas como taste.
Con la finalidad de organizar a los jugadores del centro-norte y sur de Sinaloa y evitar que esta práctica cultural se pierda, se llevarán a cabo dos reuniones estatales: el 5 de septiembre en Guamúchil, a las 2:00 de la tarde, y el 6 de septiembre en Mazatlán, a las 11:00 de la mañana. A estos encuentros asistirán representantes nacionales del INAH México, entre ellos la maestra Edaly Quiroz Moreno, subdirectora de Patrimonio Cultural Inmaterial, y la licenciada María del Carmen Ruiz Hernández, responsable de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad de la Secretaría de Cultura.
Instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Secretaría de Cultura y ayuntamientos municipales trabajan junto con jugadores y asociaciones locales para integrar el Ulama al Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial de México, primer paso para una declaratoria ante la UNESCO. Con ello se busca salvaguardar no solo el valor histórico del juego, sino la identidad cultural de Sinaloa, fortaleciendo el reconocimiento de sus comunidades como guardianas de un patrimonio único en el mundo.