Sheinbaum rechaza «cambio de timón» en Sinaloa pese a repunte de violencia el fin de semana

Tras un fin de semana marcado por bloqueos y el hallazgo de restos humanos en el sur de Sinaloa, la presidenta Claudia Sheinbaum descartó realizar modificaciones estructurales a la estrategia de seguridad en el estado. Pese a reconocer que los homicidios superaron el promedio diario de 3.5 casos, la mandataria sostuvo que la labor de las fuerzas federales se mantiene bajo el diseño original, enfocado en la protección ciudadana y no en la confrontación directa de grupos.

La presidenta enfatizó que el gobierno ha decidido mantener una postura de neutralidad operativa frente a la pugna interna del crimen organizado. «Nosotros no tomamos partido ni por uno ni por otro grupo, sino sencillamente la protección a la población, que es lo más importante», declaró, subrayando que la prioridad de los operativos actuales es evitar daños colaterales a los civiles.

Sobre una posible autocrítica o ajustes ante la persistencia de la crisis, Sheinbaum evitó señalar fallas y se limitó a informar que el Gabinete de Seguridad mantiene una presencia activa en la zona. Aseguró que el apoyo a la policía estatal es integral y que los resultados, que incluyen detenciones e incautaciones, serán presentados formalmente en una evaluación programada para el próximo mes de enero.

Respecto a las dudas sobre la versión oficial de la captura de Ismael Zambada y su impacto en la violencia actual, la mandataria federal mantuvo una postura de reserva. Delegó tanto a la Fiscalía General de la República (FGR) como al Gabinete de Seguridad la responsabilidad de esclarecer los detalles de la investigación, evitando validar o rechazar las declaraciones emitidas por el capo desde Estados Unidos.

Con este posicionamiento, el Gobierno Federal reafirma que no habrá cambios inmediatos en el despliegue militar en Sinaloa. La administración apuesta por la continuidad de los operativos quincenales y la coordinación institucional, bajo la premisa de que la situación es un fenómeno derivado de una ruptura externa que el Estado busca contener sin escalar el conflicto bélico entre facciones.