Comerciantes y vecinos de fraccionamientos de la zona norponiente de Culiacán, como Stanza Granada, Urbivilla del Cedro y Stanza Cantabria, viven atemorizados ante una serie de asaltos cometidos por sujetos armados a bordo de una motocicleta, quienes operan con total impunidad ante la denunciada ausencia de patrullajes en el área. En al menos dos casos, las víctimas reportaron los hechos al 911, pero afirman que la ayuda nunca llegó.
En los últimos días, dos tiendas de abarrotes del sector han sido blanco de los delincuentes. El caso más reciente ocurrió el pasado viernes, alrededor de las 6:45 de la mañana, cuando el encargado de uno de los negocios se preparaba para iniciar la jornada.
“Llegó una moto, pero no venía prendida, como que la apagaron para que no hiciera ruido”, relató uno de los afectados. Al levantarse para atender, fue sorprendido por un individuo que le apuntó con un rifle. “Me dicen, ‘dame todo lo que tengo’. Les di el cambio, me quitan las cajas de cigarros y los cigarros que tengo para dar sueltos”. A pesar de llamar de inmediato a emergencias, la patrulla nunca se presentó.
Un segundo comercio fue asaltado a plena luz del día, cerca de las 4:00 de la tarde. En este hecho, uno de los delincuentes ingresó y se hizo pasar por cliente durante varios minutos. Tras pedir diversos productos que sumaban casi mil pesos, al momento de pagar sacó un arma larga, le apuntó al empleado y le exigió el dinero de la caja y su teléfono celular, amenazándola para que no diera aviso a la policía.
Fuentes consultadas indicaron que, tras este segundo asalto, la respuesta obtenida al llamar al 911 fue que las corporaciones no tenían el control de esa zona ni el armamento necesario para enfrentar a ese tipo de delincuentes.
La ola de crímenes no se limita a los comercios. Los mismos delincuentes han sido vinculados con el despojo de vehículos y varios intentos de robo de auto en las calles de dichos sectores.
“Estamos afectados emocionalmente, el hecho de que no podamos salir tranquilos, ni siquiera a la tienda”, expresó una de las habitantes. El temor ha escalado a tal punto que los padres evitan llevar a sus hijos a los parques cercanos. “Tampoco podemos sacar a nuestros niños a los parques que tenemos cerca por miedo a que pase algo”, lamentó.
La falta de vigilancia es un reclamo generalizado. Uno de los comerciantes aseguró que la presencia de patrullas estatales y militares, que antes era constante, desapareció. “Ya tiene como 2 o 3 semanas que no hay patrullas”, afirmó. Otra residente confirmó esta versión, detallando que la vigilancia ha desaparecido por completo de su fraccionamiento. “Yo, que estoy por la mañana, no he visto que pasen ni estatales ni militares ni nada”, sentenció.
Ante la falta de respuesta oficial, los propios habitantes han comenzado a organizarse. A través de grupos de mensajería, han acordado un sistema de alerta comunitaria. “Hemos tomado la decisión de que, con las alarmas de los carros o las alarmas de las cámaras, darnos por aviso que algo está pasando”, explicó una vecina.
Mientras tanto, los habitantes de esta amplia zona de la ciudad viven en un estado de alerta constante, atrapados entre la audacia de los criminales y la aparente indiferencia de las autoridades.