Ni las lluvias alivian la crisis del campo; productores advierten pérdidas y creciente endeudamiento

Aunque las recientes lluvias registradas en Culiacán han generado aportaciones a las presas y representan un alivio para la disponibilidad de agua de cara al próximo ciclo agrícola, productores del estado consideran que el principal problema del campo ya no es la disponibilidad del recurso hídrico, sino la falta de rentabilidad para mantener la actividad.

El expresidente de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán (AARC), Enrique Riveros, señaló que contar con agua para sembrar deja de ser suficiente cuando los precios de comercialización no permiten recuperar la inversión realizada por los productores. Explicó que durante el último ciclo agrícola las altas temperaturas redujeron los rendimientos de los cultivos, mientras que el costo de los insumos y el control de plagas incrementaron el gasto por hectárea.

Riveros indicó que, además de enfrentar precios bajos por sus cosechas, los agricultores continúan a la espera de apoyos anunciados por las autoridades para mejorar el ingreso por tonelada. Sin embargo, afirmó que esos recursos aún no llegan en su totalidad y, aun si fueran entregados conforme a lo planteado, seguirían siendo insuficientes para compensar la caída en los precios del mercado y el aumento en los costos de producción.

Añadió que esta situación ha dejado a numerosos productores con dificultades para cubrir créditos, compromisos con proveedores y otros gastos derivados de la actividad agrícola. Señaló que, en algunos casos, los ingresos obtenidos por la venta de las cosechas no alcanzan ni siquiera para recuperar la inversión realizada, lo que mantiene a los agricultores en una situación de endeudamiento e incertidumbre.

El expresidente de la AARC advirtió que, de mantenerse este panorama, algunos productores podrían reducir la superficie de siembra o incluso dejar de cultivar, al considerar que la actividad ha dejado de ser rentable. Agregó que una crisis prolongada en el sector agrícola también tendría repercusiones en la economía de Sinaloa, debido al impacto que el campo genera en otras actividades productivas y comerciales del estado.