En una zona rural del municipio, personal del Ejército Mexicano adscrito a la Novena Zona Militar mostró a representantes de medios de comunicación cómo opera y se desactiva un narcolaboratorio, desde el hallazgo de los centros de almacenamiento de químicos hasta la localización de las estructuras de producción.
El recorrido fue encabezado por el teniente coronel Reyes, quien explicó que el primer punto asegurado fue un área de almacenamiento clandestina, localizada tres días antes. Ahí se encontraron 11,500 litros de sustancias químicas como tolueno, ácido clorhídrico, alcohol etílico, acetona y acetato de plomo, muchas de las cuales son vertidas directamente en canales o pozos clandestinos, generando una severa contaminación de mantos acuíferos.
“Estas zonas ya habían sido destruidas antes, pero los delincuentes vuelven a instalar los centros de concentración”, explicó el militar. En esta ocasión, el hallazgo llevó al aseguramiento posterior de un laboratorio completo, ubicado en otra zona del mismo sector.
El laboratorio asegurado contaba con cuatro reactores de 300 litros conectados a condensadores que permitían sintetizar fenilacetona, base para la producción de metanfetamina. A pesar de no haberse encontrado droga terminada, sí había sustancias a medio procesar y grandes cantidades de precursores químicos. De acuerdo con el teniente coronel Reyes, la capacidad de producción diaria era de hasta una tonelada de cristal, con un valor estimado de 100 millones de pesos en el mercado local.
Uno de los hallazgos más llamativos fue un laboratorio móvil, montado sobre una traila, con reactores soldados a la estructura. Esta modalidad permite a los grupos criminales mover el laboratorio en cuanto detectan presencia militar, y aunque ya se habían encontrado otros similares, es una técnica en crecimiento.
“Ellos tratan de evadirnos constantemente. Cuando detectan que saturamos un área, sacan lo que pueden y lo trasladan”, señaló Reyes. También destacó que, a diferencia de otras ocasiones, ya no usan carpas o estructuras visibles desde el aire, lo que complica la localización.
Tras los aseguramientos, todo el material queda bajo resguardo del Ejército hasta que una empresa especializada realiza la recolección y neutralización adecuada de los químicos. “Nuestro trabajo es ponerlo a disposición; hay personal capacitado y maquinaria especial para evitar que esto siga contaminando el entorno”, subrayó el comandante.