En contraste con la incertidumbre y el desgaste que viven muchas familias que llegan a Culiacán desde comunidades lejanas para atender la salud de sus hijas, hijos o nietos, también existen gestos solidarios que buscan aliviar, aunque sea por un momento, la carga emocional y física de quienes esperan fuera de los hospitales. En medio de fechas decembrinas, cuando el sentido de familia y cercanía se vuelve más evidente, algunos grupos de ciudadanos deciden transformar la empatía en acciones concretas.
A las afueras del Hospital Pediátrico de Sinaloa, un grupo de personas acudió de manera voluntaria para brindar alimentos a madres, padres y abuelos que pasan días y noches fuera de las instalaciones médicas. No se trata de una fundación ni de una organización formal, sino de una iniciativa personal nacida del deseo de compartir un poco de lo que tienen con quienes más lo necesitan en ese momento.
Paulina Zavala, una de los participantes, explicó que la motivación surge desde la gratitud y la fe. “Somos compañeras de trabajo y lo hacemos con la finalidad de dar un poquito de lo que se nos da en la vida. Qué mayor alegría que brindar lo poco o mucho que podamos a las personas necesitadas”, expresó. Señaló que, aunque saben que siempre se puede hacer más, consideran que aportar alimentos es una forma concreta de acompañar a las familias.
El grupo está integrado por trabajadores de la Secretaría de Educación Pública, quienes decidieron aprovechar la temporada decembrina para acercarse al hospital. Paulina aclaró que no existe una fecha fija ni una agenda establecida. “No pertenecemos a ninguna fundación, fue por iniciativa propia. Por estas fiestas quisimos tomar la decisión de venir y compartir”, comentó.
Aunque es la primera vez que acuden al Hospital Pediátrico, no es la primera ocasión en la que realizan este tipo de acciones. Han visitado otros centros de salud como el Hospital General y el Hospital Civil, donde han tenido contacto con realidades similares. Para ellos, escuchar historias completas no siempre es necesario; el agradecimiento de las personas suele ser suficiente. “Muchas veces la gente viene con lo justo, apenas para los medicamentos, y los alimentos también son una fuente de fuerza y aliento”, señaló Paulina.
En una ciudad marcada por la incertidumbre y por familias que enfrentan el miedo, el frío y largas noches en la calle, estos gestos solidarios representan un respiro. Sin resolver los problemas de fondo, la ayuda ciudadana se convierte en un acto de humanidad que recuerda que, incluso en los momentos más difíciles, todavía hay espacio para la esperanza y el acompañamiento.