Pese a los esfuerzos institucionales por recuperar la tranquilidad en diversos sectores de Culiacán, ciudadanas expresan que la percepción de inseguridad persiste y ha modificado de forma significativa sus hábitos cotidianos, sociales y familiares.
Angélica Cárdenas, quien trabaja en el sector de eventos, señala que aunque se han anunciado medidas de refuerzo en la vigilancia urbana, en la práctica la presencia de patrullas ha disminuido y la sensación de protección es limitada. Esta situación, afirma, genera incertidumbre en zonas donde antes se percibía mayor seguridad.
Por su parte, Alma López, madre de familia, comparte que el temor a situaciones de riesgo ha transformado por completo la dinámica en su hogar. Actividades comunes como salir después de las 7 de la noche, ir al parque con sus hijas o hacer compras nocturnas han sido reducidas al mínimo. Además, expresa su preocupación por las afectaciones que los hechos de violencia generan en servicios esenciales como guarderías y escuelas, indispensables para las madres trabajadoras.
Ambas coinciden en que, aunque se observa presencia de elementos militares o patrullajes esporádicos, esto no garantiza una sensación real de seguridad. Aseguran que las medidas deben sostenerse en el tiempo y estar acompañadas de acciones de confianza ciudadana, especialmente en zonas residenciales donde también se ha reportado actividad delictiva.
En tanto, ciudadanos optan por alternativas más seguras para socializar, como reuniones privadas en casa que eviten traslados nocturnos, o salidas programadas solo durante el día. La inseguridad, reconocen, no solo impacta en lo económico, sino también en la vida social, en la educación y en el bienestar emocional de las familias.