El uso de medicamentos diseñados para tratar enfermedades crónicas está creciendo entre personas que buscan bajar de peso por motivos estéticos, lo que implica riesgos por la automedicación y la falta de supervisión profesional. Un ejemplo es la semaglutida, cuyo consumo aumentó hacia finales de 2025, señaló el doctor Lorenzo Ulises Osuna Martínez, investigador de la Facultad de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
El especialista explicó que este fármaco, originalmente para diabetes tipo 2, también reduce peso y se comercializa como Ozempic (diabetes), Wegovy (obesidad) y Rybelsus (tabletas). Su uso clínico está bien definido en pacientes con sobrepeso, obesidad y riesgo cardiovascular, pero requiere esquemas de dosificación personalizados y seguimiento médico.
Osuna Martínez advirtió que el uso estético y sin receta es riesgoso, ya que la semaglutida no tiene dosis universal y puede provocar efectos secundarios gastrointestinales como diarrea, gastritis, reflujo y acidez, presentes incluso en pacientes con supervisión médica. Recordó además que durante parte de 2025 hubo desabasto por alta demanda.
Finalmente sostuvo que el medicamento “no es negativo” si se usa responsablemente y bajo indicación de un especialista, pero subrayó que ninguna terapia sustituye a la alimentación adecuada y el ejercicio, por lo que la salud no debe ponerse en riesgo por soluciones rápidas.