Dormir en la calle para no alejarse: la realidad de familias frente al Hospital Pediátrico

A las afueras del Hospital Pediátrico de Sinaloa, la espera se vive sin horarios ni descansos. Desde hace años, madres, padres y abuelos permanecen día y noche en la calle, entre casas de campaña, cobijas, colchones y sillas improvisadas, con la esperanza de recibir noticias alentadoras sobre la salud de sus hijas e hijos. Para muchas de estas familias, permanecer fuera del hospital se ha convertido en una forma de acompañamiento constante ante tratamientos largos y procesos médicos inciertos.

Graciela, originaria de San Ignacio, es madre de un bebé que nació con hidrocefalia y que ha pasado gran parte de su vida hospitalizado. Explica que, aunque existen albergues, decidió quedarse fuera del hospital para estar más cerca de su hijo. “Aquí me siento más tranquila, más al pendiente de él, por cualquier cosa que se ofrezca”, comparte. Señala que el proceso ha sido difícil, especialmente porque tiene otra hija y porque todo indica que pasará las fiestas decembrinas en el hospital. “Es duro, más en estas fechas, pero uno hace lo que sea por los hijos”, expresa.

La cercanía de la Navidad y la Nochebuena no cambia la rutina de estas familias. Mientras la ciudad se prepara para las celebraciones, ellas enfrentan jornadas completas y noches largas a la intemperie, con bajas temperaturas y con el temor que implica permanecer en la calle a altas horas, en un contexto de incertidumbre y violencia que se vive en Culiacán. Aun así, la prioridad sigue siendo permanecer cerca de los menores internados.

María del Carmen, abuela de una niña de 12 años con un tumor en el hígado, viaja desde Cosalá y lleva más de dos años entre idas y vueltas al hospital. Relata que los periodos en casa suelen ser breves, ya que cualquier complicación obliga a regresar de inmediato. “Es muy duro, porque hay meses que se puede y meses que no, pero uno deja de comer por darles lo que necesitan los hijos”, comenta. Añade que en ocasiones dependen de la solidaridad de otras personas para alimentarse durante la espera.

Sobre las fechas decembrinas, María del Carmen reconoce la tristeza que implica pasar estas celebraciones lejos del hogar, pero asegura que no hay otra opción. “Es muy triste estar aquí en estos días, pero también estamos aquí para que ellos sientan que no están solos y sacarlos adelante”, señala. Aunque su nieta espera con ilusión un regalo, la prioridad para la familia sigue siendo la salud.

Pese al frío, al cansancio y al miedo que puede generar la noche en la calle, estas familias no se rinden. Aunque existen albergues donde podrían resguardarse durante estancias prolongadas en la ciudad, muchas prefieren permanecer fuera del hospital, cerca de las puertas, para sentirse más próximas a sus hijas e hijos y estar presentes en el momento en que los necesiten. La espera, marcada por la incertidumbre, se sostiene con resistencia, esperanza y un profundo sentido de amor familiar.