María del Rosario Espinoza cuenta ante jóvenes su camino desde La Brecha hasta el oro olímpico en Beijing 2008 

La taekwondoína sinaloense María del Rosario Espinoza, campeona olímpica en Beijing 2008 y triple medallista olímpica, compartió su trayectoria en una conferencia ante jóvenes, en la que repasó desde sus primeros años en La Brecha hasta su labor actual como entrenadora de la selección mexicana de para taekwondo. 

En la presentación se destacó que Espinoza recibió recientemente el Premio Nacional de Deportes, la máxima distinción deportiva del país, y que ha puesto en alto el nombre de Sinaloa y de México en un deporte que, se dijo, ha sido muy estigmatizado y que ella ayudó a abrir para mujeres y jóvenes. 

La propia Espinoza se presentó como deportista que estuvo 18 años en el alto rendimiento, entrenadora nacional del equipo de para taekwondo, integrado por atletas con una discapacidad en el miembro superior, directora de la Olimpiada Nacional de taekwondo, madre de dos hijos y esposa. “Se dice fácil, pero el alto rendimiento tiene mucha exigencia”, comentó. 

Recordó que creció durante 14 años en La Brecha, una comunidad rodeada de tierras de siembra, ganadería y pesca, y que su familia es de pescadores. Contó que de niña montaba a caballo, andaba en bicicleta y trepaba árboles, y que sus primeras “clases de natación” consistían en que la echaran al canal. A los cinco años, el profesor Rubén Contreras, quien visitaba a su mamá en la comunidad, comenzó a dar clases de taekwondo a los niños, y ahí conoció el deporte, en un local viejo del que hoy ya no queda nada y cuyo piso tenía hoyos. 

Cuando tenía entre nueve y diez años, el profesor se fue a Culiacán a seguir estudiando y se quedó sin clases. Fue ella misma quien pidió inscribirse en Guasave, adonde viajaba sola unos 35 kilómetros en camión desde La Brecha. Explicó que no tenía dinero y que para pagar las clases vendía pescado, nopales, guayabas y lo que hubiera. “A pesar de las circunstancias en que uno vive o se desarrolla, no es un pretexto o un impedimento para no seguir haciendo lo que más le gusta a uno y lo que más ama”, dijo. 

Más adelante, su familia se mudó a Guasave, donde el profesor Rolando vio en ella cualidades como la patada alta, la fuerza y la falta de miedo. Compitió en la Olimpiada Nacional del 2000 al 2006 y, tras ganar en 2003 en Saltillo, Coahuila, fue invitada a una evaluación en San Luis Potosí para integrar la selección nacional juvenil. Relató que el viaje con su entrenador, en camioneta, se retrasó cinco horas por una descompostura, y que llegó a la evaluación sin dinero para regresar. “Le eché tantas ganas para quedarme porque no tenía cómo regresarme”, contó. Ganó la evaluación por un punto. 

Describió la concentración como una introducción al alto rendimiento: entrenar tres veces al día, noches de llorar por el cansancio y por extrañar a sus papás, y los entrenamientos en cerros a más de dos mil metros de altura, cuando ella estaba acostumbrada a entrenar a nivel del mar. A los 15 años representó por primera vez a México en el Campeonato Panamericano Juvenil de Río de Janeiro y ganó la medalla de oro. Dijo que ahí entendió que el alto rendimiento sirve para representar a México. 

Contó que antes de los Juegos Olímpicos de 2008 no era la favorita de la Federación Mexicana de Taekwondo, pero que tuvo una oportunidad en el Campeonato del Mundo de 2007, en Beijing, donde venció en semifinales al anterior campeón y ganó la final. Tras el título mundial, aseguró la plaza olímpica al terminar tercera en el clasificatorio. “Siempre hay una oportunidad que uno tiene que aprovechar”, afirmó. 

Sobre Beijing 2008, relató que el 23 de agosto, un día antes de competir, estaba muy nerviosa. Dijo que ganó su primer combate 4-1 a una rival de Túnez y que, antes de la semifinal, le informaron que su rival china había sido descalificada, por lo que tuvo que cambiar de estrategia para enfrentar a la británica Sara Stevenson, quien la había vencido en el clasificatorio. En la final enfrentó a una atleta de Noruega y se coronó campeona olímpica, con muchos sinaloenses en las gradas. Recordó que al caminar hacia el podio le vino “como una película” de su vida, desde La Brecha hasta ese momento. Contó que a sus atletas los prepara “siempre para lo mejor, para la medalla de oro”. 

Recordó que tras la medalla de campeona del mundo fue recibida en Los Pinos, en un tiempo sin redes sociales, cuando casi nadie en los medios la conocía. 

Espinoza reconoció que, al tomar la decisión de retirarse, atravesó una etapa difícil de depresión, para la que contó con acompañamiento profesional y el respaldo de su familia. Dijo que durante unas vacaciones en La Brecha empezó a reflexionar sobre qué seguía y concluyó que podía aportar más en su disciplina, con el equipo de para taekwondo.