El productor sinaloense Martín Linn, quien ha encabezado las movilizaciones por precios justos para el maíz, expresó el profundo desánimo que domina entre los agricultores del estado, tras meses de gestiones y protestas sin resultados. Aseguró que, aunque el Gobierno Federal ha escuchado sus demandas, la respuesta fue de indiferencia. En sus propias palabras, “ya nos escucharon, pero nos mandaron a la monda”, reflejando el sentimiento generalizado de frustración y abandono en el campo.
Linn explicó que la falta de rentabilidad ha llevado a muchos productores a renunciar a sembrar este ciclo agrícola, pues los costos de producción superan por mucho los ingresos esperados. Afirmó que los apoyos federales anunciados son mínimos y no alcanzan para sostener las labores del campo. Además, recordó que, a diferencia de otros estados como Guanajuato o Jalisco, en Sinaloa no existen grandes empresas procesadoras como Minsa o Maseca con las cuales negociar precios, lo que deja a los agricultores sin herramientas para presionar por mejores condiciones.
Otro tema que preocupa al sector es la nueva iniciativa de Ley de Aguas, que, según explicó, propone limitar a un solo año las concesiones para el uso de pozos agrícolas, aun cuando se trate de tierras privadas. Linn advirtió que esta medida pondría en riesgo la propiedad productiva de muchas familias, pues “sin agua, la tierra no vale nada”. Consideró que esta política podría afectar especialmente a pequeños productores que dependen de norias y pozos propios para regar sus parcelas.
Ante este panorama, el líder agrícola reconoció que no existen alternativas viables de subsistencia en el campo. Dijo que muchos agricultores dependerán de sus ahorros o del apoyo económico de sus hijos, ya que sembrar se ha vuelto sinónimo de perder. Entre el cansancio y la resignación, resumió la situación en una frase que ha comenzado a resonar entre los productores:
“Safo, no siembro.”
Con esta expresión, Martín Linn retrata la desesperanza de miles de familias del campo sinaloense, que enfrentan la posibilidad de un año sin cosechas, sin apoyos y con tierras que, cada vez más, se quedan vacías.