Wendy Urrea, habitante de una de las residencias del sur de la ciudad de Culiacan, compartió cómo vive la llegada de las fiestas decembrinas después de un año marcado por la incertidumbre y la violencia. Explicó que, aunque la presencia de elementos militares busca mantener seguras a las familias, verlos circular con tanta frecuencia por las calles le provoca nervios y la sensación de que algo grave podría estar ocurriendo cerca. Para ella, estos operativos son un recordatorio constante de que la situación en el estado no ha vuelto por completo a la calma.
Urrea recordó que las celebraciones también han cambiado. Antes, su familia se reunía con más libertad, se organizaban convivios grandes y las fiestas se prolongaban hasta la madrugada sin mayores preocupaciones. Sin embargo, el año pasado todo fue distinto. Solo se reunieron los parientes más cercanos, la convivencia terminó poco después de la medianoche y evitaron estar en la calle por miedo a que se escucharan balaceras, como ya había ocurrido en ocasiones anteriores. “Apenas iban meses de que la violencia se desató y no nos sentíamos tranquilos”, dijo.
A pesar de estos recuerdos, Wendy mantiene la esperanza de que este año sea mejor. Considera que, aunque la presencia militar puede generar inquietud, también podría ayudar a que las fiestas se desarrollen con menos incidentes y que las familias puedan disfrutar sin tanto temor. Su deseo es recuperar las reuniones largas, el ambiente familiar y la tranquilidad con la que antes se celebraban estas fechas.
El testimonio de Wendy refleja una realidad que comparten muchas familias en Sinaloa: el deseo de volver a la normalidad mientras aprenden a convivir con operativos de seguridad, ruido de patrullas y la sensación de alerta constante. Aun así, la esperanza de un cierre de año distinto sigue presente, con la expectativa de que la seguridad avance lo suficiente para permitir reuniones más abiertas, seguras y llenas de la convivencia que caracteriza la temporada decembrina.