El uso de la inteligencia artificial en las aulas debe funcionar como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo del razonamiento humano, coincidieron especialistas de la Universidad Autónoma de Sinaloa durante el panel “Aprender en tiempos de IA: retos y oportunidades en la educación”.
El encuentro se realizó en modalidad híbrida y fue organizado por el Centro de Universidad Virtual, el Centro de Innovación y Desarrollo Educativo y el Bachillerato Virtual, como parte de la Jornada Universitaria del Conocimiento UAS 2026. Participaron los investigadores Martín Pastor Angulo, José Manuel Mendoza Román y Daniel Emmanuel De Loza Dones.
De Loza Dones advirtió que cuando los estudiantes delegan por completo sus tareas a una plataforma de inteligencia artificial pueden dejar de practicar habilidades necesarias para aprender. A este fenómeno lo describió como una descarga cognitiva, en la que la herramienta termina realizando parte del esfuerzo que corresponde al alumno.
El académico señaló que la consecuencia no se limita al rendimiento individual: también puede afectar la capacidad de las personas para dialogar, argumentar y llegar a acuerdos. En ese sentido, consideró importante que las actividades escolares mantengan espacios donde los estudiantes deban pensar y explicar cómo llegaron a una respuesta.
Por su parte, Martín Pastor Angulo, director del CIDE, sostuvo que estas plataformas procesan grandes cantidades de información, pero no comprenden el contexto humano como lo hace una persona. También advirtió que los sistemas pueden producir respuestas incorrectas o inventadas, conocidas como “alucinaciones”, por lo que sus resultados requieren revisión.
José Manuel Mendoza Román planteó que la evaluación educativa debe dar más peso al proceso de aprendizaje y a la comprensión, no únicamente al producto final. Propuso diseñar ejercicios donde los estudiantes expliquen y justifiquen sus procedimientos, además de demostrar que pueden resolver problemas sin depender de la herramienta.
Los especialistas coincidieron en que la inteligencia artificial puede contribuir a la enseñanza si existe una planeación pedagógica y una guía docente. El reto, señalaron, es aprovechar sus capacidades sin abandonar la reflexión, la verificación de información ni la responsabilidad de quien la utiliza.