Agricultura mexicana cierra 2025 entre dificultades y retos estructurales

El campo mexicano atraviesa una etapa crítica que ha puesto en riesgo tanto la producción de alimentos como la estabilidad de miles de familias rurales. CAADES (Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa) advierte que la situación actual no puede resolverse con medidas aisladas ni de corto plazo, sino que requiere acuerdos amplios entre gobierno, productores y sociedad, capaces de atender los problemas estructurales que se han acumulado durante años.

Desde el sector productivo se señala que uno de los principales errores ha sido atender solo las urgencias coyunturales, como el precio del maíz, sin una visión integral que contemple temas de fondo como el acceso al crédito, la investigación y transferencia de tecnología, y prácticas de agricultura regenerativa que protejan el suelo y el agua. Sin esta visión de largo alcance, sostienen, la recuperación del campo seguirá siendo frágil.

Diagnóstico agrícola 2025: un año especialmente adverso

El 2025 se perfila como uno de los años más difíciles para la agricultura en México y en estados como Sinaloa. La combinación de una sequía sin precedentes, precios internacionales bajos y condiciones desiguales de competencia ha reducido de forma importante tanto el volumen como el valor de la producción agrícola.

A este escenario se sumó la apreciación del peso mexicano, cercana al 15 por ciento, lo que impactó negativamente en los ingresos por exportaciones de granos, frutas y hortalizas. Al competir dentro del marco del T-MEC, los productores nacionales enfrentan desventajas frente a países como Estados Unidos, que cuentan con mayores apoyos y subsidios para su sector agrícola.

Altos costos y apoyos que no alcanzan

Otro factor que ha profundizado la crisis es el incremento en los costos de producción, particularmente en fertilizantes y otros insumos, influido por el mercado internacional y por problemas en la logística y la infraestructura energética. Al mismo tiempo, los productores señalan que los apoyos gubernamentales han sido insuficientes para compensar estas condiciones.

El resultado ha sido una reducción de la superficie sembrada, estimada en alrededor de 35 por ciento en Sinaloa, afectando principalmente cultivos de alta demanda de agua como el maíz. La producción estatal se redujo a poco más de 2.2 millones de toneladas, apenas una tercera parte de un ciclo normal. Aun así, la comercialización presentó dificultades, lo que obligó a implementar apoyos extraordinarios que solo cubrieron una parte del volumen producido.

Un cierre con retos pendientes

Aunque el sector hortofrutícola ha logrado resistir parcialmente gracias a su desarrollo y capacidad exportadora, también enfrenta presiones por precios y restricciones comerciales. De cara a 2026, los productores advierten retos como la revisión del T-MEC, la eliminación de cuotas compensatorias, la necesidad de ordenar la comercialización de granos, destrabar pagos pendientes y reducir la dependencia de importaciones.

En este contexto, las organizaciones agrícolas coinciden en que el futuro del campo mexicano depende de una política pública construida con consenso, sin imposiciones ni intereses políticos, que permita enfrentar la crisis actual y sentar bases sólidas para una recuperación sostenible en un entorno cada vez más complejo y cambiante.