La lucha por la defensa de los derechos humanos se encuentra en un panorama de «claroscuros», con avances legislativos contrastados por la persistencia de la violencia y la falta de un compromiso real por parte de algunas autoridades para aplicar lo ya ganado. Así lo señaló Oscar Loza Ochoa, Presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), quien insistió en que la cultura de los derechos humanos debe ser el eje rector para enfrentar la crisis de violencia que aqueja a la sociedad.
El titular de la CEDH criticó que, a pesar de la experiencia acumulada, muchas autoridades actúan como si «descubrieran el agua tibia», obligando a la Comisión a «recomenzar» constantemente para insistir en el respeto a los derechos fundamentales. Loza Ochoa fue enfático al señalar que el entorno de violencia continúa generando riesgos para quienes defienden los derechos humanos, con amenazas e intimidaciones. “Eso va a ser el riesgo mientras que la cultura y los derechos humanos no sea la realidad y la que, pues, tomen no solo en cuenta las autoridades, sino además respeten”, declaró.
Más allá del actuar de la autoridad, Loza Ochoa destacó la responsabilidad compartida de la sociedad en la problemática. Argumentó que el deterioro del tejido social no es reciente, sino el resultado de prácticas que han sido permitidas tanto por el mal actuar de la autoridad como por la mala asunción de la responsabilidad social. Subrayó que, ante la complejidad del problema, la solución no llegará de manera pronta y no puede depender únicamente de las acciones policiales.
Para el Presidente de la CEDH, el principal reto hacia el futuro es encontrar los caminos para la «post-crisis»—el día después de que termine la ola de violencia—, y esos caminos deben priorizar la cultura y la educación. El enfoque en la seguridad por encima del desarrollo social fue calificado de «absurdo» al analizar las recientes asignaciones presupuestales: mientras dependencias de seguridad reciben incrementos significativos (mencionando un ejemplo federal del 65%), el presupuesto para educación apenas registra aumentos mínimos (como el 2.1% a nivel federal).
Loza Ochoa concluyó que la raíz del problema violento no es meramente un «asunto entre policías y ladrones». La solución de fondo exige atender la falta de oportunidades para los jóvenes, urgiendo a garantizar el acceso a la escuela y a la infraestructura escolar, así como a garantizar el empleo para quienes no desean estudiar, un eje central que no se está cumpliendo. Enfatizó que la raíz está en la cultura, los valores y la educación, ámbitos que deben ser la verdadera prioridad nacional y estatal.