Comerciantes del puerto de Altata enfrentan una drástica crisis económica, con caídas en ventas de hasta un 70% en los últimos meses, según sus propios testimonios. Los vendedores coinciden en que la clave para una recuperación real no radica en programas temporales, sino en establecer una presencia de seguridad permanente que devuelva la confianza a los visitantes para acudir al destino.
Vanessa Noemí Valenzuela Castro, quien vende diversos artículos en la explanada del puerto, cuantifica el impacto. «En cuestiones de la seguridad, puedo decir que [se perdieron] por lo menos un 70 por cien de las ventas que yo tenía antes», afirmó.
Esta situación es corroborada por Jesús Ignacio Moreno López, de oficio marisquero, quien describió la racha previa como desoladora. «Teníamos como cuatro semanas sin vender, sin que hubiera un domingo ni un sábado bueno ni nada. Si acaso vendíamos una docena, dos docenas nomás. No había venta ni para los puestos», relató Moreno, añadiendo que durante esos días «la pasábamos jugando baraja o dominó, de perdida para aburrirnos».
Ambos comerciantes señalan directamente a la falta de confianza como la causa de la baja afluencia. «Lo que verdaderamente necesitamos es más que nada la seguridad para que la gente se sienta segura de venir», expresó Valenzuela. Por su parte, Moreno López considera que es necesario que las autoridades «peguen rondines para que la gente se le pierda el miedo, se deje venir».
Según los testimonios, ha habido un incremento reciente en la vigilancia, aunque limitado. «Ayer y antier, sí. Ya nada más son sábados y domingos cuando vemos como esta parte de seguridad», mencionó Valenzuela. Atribuyó este cambio a un diálogo reciente que representantes de los comerciantes sostuvieron con el gobernador. Jesús Moreno coincide, señalando que, aunque normalmente hay autoridad, «no como ahorita», indicando que la presencia actual es mayor a la habitual.
Sobre los programas que transportan visitantes al puerto, Vanessa Valenzuela se mostró crítica, argumentando que el beneficio no es para todos. «Solo beneficia a unos cuantos. La mayoría viene como a consumir alimentos en los restaurantes y no como tal en todo el malecón», explicó, señalando que esos grupos no suelen comprar en los puestos ambulantes.
Sin embargo, el diálogo con las autoridades sí ha traído un beneficio tangible para los vendedores. Valenzuela confirmó que, tras la reunión con el gobernador, se les dejó de aplicar el cobro de 100 pesos que se les exigía los domingos por el espacio que ocupan.