En el corazón comercial de Culiacán, específicamente en la Plaza de la Mujer, comerciantes y emprendedores viven una situación crítica marcada por la violencia, la baja afluencia de clientes y un desplome en las ventas.
Dueños de pequeños negocios, en su mayoría dedicados a la joyería, bisutería y servicios de belleza, han tenido que modificar sus horarios, aplicar descuentos agresivos y reforzar su presencia en redes sociales para intentar sostener sus ingresos. Sin embargo, sus esfuerzos no han sido suficientes ante un entorno que, según expresan, se ha vuelto cada vez más complicado para el comercio.
Kathy Palazuelos, representante de Esmeralda Insurance, describió un panorama económico debilitado por la falta de apoyo gubernamental y la inseguridad. Indicó que muchos negocios ya han cerrado y que la actividad nocturna prácticamente ha desaparecido por temor a hechos violentos. “Las plazas tienen que apostar por publicidad, pero la gente necesita confianza para salir. Cada vez que lo intenta, ocurre algo”, expresó.
Por su parte, José Lozano, comerciante de joyería, aseguró que sus ventas han caído más de un 80 por ciento, incluso con promociones de igual porcentaje. Comentó que la presencia militar en el centro no ha generado confianza, sino más temor entre los ciudadanos. “No es que la gente no quiera salir, es que no hay dinero. Bajamos precios, hicimos promociones, y aún así no se vende”, señaló.
Karen Cos, otra joven emprendedora, coincidió en que muchos locales han cerrado tanto por la inseguridad como por la falta de recursos. Afirmó que el gobierno ha priorizado obras públicas sobre la atención a la seguridad, lo cual ha impactado directamente en el entorno comercial y social. Como ciudadana, ha modificado su rutina por seguridad: “Antes salíamos a cenar tarde, ahora todo es más temprano. Hay un toque de queda no oficial que todos respetamos por precaución”.
El uso de redes sociales y servicios a domicilio se ha vuelto una estrategia necesaria, aunque no suficiente. La dinámica comercial ya no depende únicamente de la ubicación del negocio, sino de su capacidad para adaptarse y sobrevivir en un contexto adverso.
La situación de estos comerciantes refleja una preocupación más amplia en el tejido económico y social de Sinaloa: la necesidad urgente de condiciones seguras, políticas públicas eficaces y un entorno que permita al comercio local desarrollarse sin miedo.