Dulce Karely Inzunza es una estudiante de 21 años de la carrera de Finanzas en el Tecnológico de Monterrey de la ciudad de Culiacán, institución donde ha desarrollado su formación profesional bajo un modelo académico exigente y orientado a la práctica. Desde sus primeros semestres, su ritmo de estudio estuvo marcado por proyectos constantes, retos académicos y trabajo con empresas reales, lo que le permitió desarrollar habilidades como la disciplina, la organización y la resolución de problemas.
Durante su paso por el Tecnológico de Monterrey, Dulce cursó un plan de estudios que combina teoría con práctica desde el inicio de la carrera. A través del modelo Tec21, participó en proyectos vinculados con empresas nacionales y locales, explorando distintas áreas de negocios antes de enfocarse de lleno en el área de Finanzas. Esta dinámica le permitió comprender mejor el funcionamiento del mundo empresarial y fortalecer su confianza académica.
El camino para lograr un intercambio internacional
La oportunidad de realizar un intercambio en el extranjero surgió como parte de los semestres flexibles que contempla su carrera. Tras concluir sus etapas de exploración y especialización, Dulce decidió aprovechar la libertad académica para buscar una experiencia internacional que ampliara su formación y su visión personal.
Para lograrlo, realizó un proceso de investigación detallado. Analizó opciones en distintos países, revisó requisitos académicos, certificaciones de idioma y, sobre todo, el costo de vida en cada destino. Investigó temas como transporte público, renta, alimentación y estilo de vida, apoyándose tanto en información oficial como en experiencias compartidas por otros estudiantes. Finalmente, fue aceptada en una universidad de Finlandia, país que eligió por su modelo educativo flexible y por la oportunidad de cursar materias poco comunes en su área, como programación y análisis de datos.
Estudiar en Finlandia: un modelo distinto al mexicano
La experiencia académica en la universidad AALTO UNIVERSITY en Finlandia representó un cambio importante respecto al modelo educativo mexicano. Dulce explicó que allá se promueve un sistema en el que los estudiantes deben ser más autónomos. En lugar de recibir explicaciones completas en clase, los alumnos estudian los contenidos por su cuenta y utilizan el tiempo en el aula para discutir ideas, resolver dudas y trabajar en proyectos.
Otra diferencia notable fue la forma de evaluación. En muchos cursos, la calificación depende casi por completo de exámenes o proyectos finales, mientras que las tareas y actividades intermedias no siempre influyen en la nota final. Además, los grupos suelen ser mucho más grandes, con aulas que pueden reunir a cientos o incluso miles de estudiantes, lo que reduce el contacto cercano con los profesores.
Lo que valora de México tras la experiencia
Tras vivir esta experiencia, Dulce reconoce aspectos positivos en ambos sistemas. Del modelo finlandés destaca la responsabilidad personal y la libertad académica; sin embargo, también valora el sistema mexicano, donde la asistencia, la participación y las tareas cuentan para la calificación y existe mayor acompañamiento por parte de los docentes.
La estudiante señaló que en México aprecia la cercanía con los profesores, la retroalimentación constante y los grupos más pequeños, que permiten una relación más directa y humana en el aula. Esta combinación de experiencias le permitió reflexionar sobre la educación desde una perspectiva más amplia y reafirmar el valor de su formación académica en su país de origen, sin dejar de reconocer los aprendizajes obtenidos en el extranjero.