Tras el paso de la temporada navideña, empleados de distintas tiendas departamentales comienzan a experimentar un ligero alivio luego de enfrentar jornadas laborales particularmente intensas. Durante los días previos a Navidad, los comercios de esta clase que suelen ser muy reconocidos, registraron una saturación constante de clientes que acudieron en busca de regalos, decoraciones, ropa para convivios y artículos de última hora, lo que elevó la carga de trabajo y la presión en prácticamente todas las áreas.
Isabel, empleada del área de promotoría de crédito en una de las tiendas departamentales más conocidas ubicadas en el Centro de Culiacán, compartió que el flujo de personas fue “demasiado”, especialmente durante la última semana antes de Navidad. Desde su función, explicó que su labor consiste en ofrecer el crédito de la tienda a los clientes, lo que implicó atender a un mayor número de personas en lapsos muy cortos, bajo un ambiente de estrés constante.
La trabajadora señaló que, aunque el incremento en solicitudes de crédito representa también una oportunidad de mayores ingresos por comisiones, la exigencia física y emocional no deja de sentirse. Mantener la paciencia, la atención y la buena disposición se vuelve un reto cuando los pasillos están llenos y la demanda no da tregua durante horas continuas.
Isabel relató que el desgaste fue aún más evidente al encontrarse embarazada, lo que provocó cansancio extremo e incluso mareos ante la gran cantidad de gente concentrada, principalmente en áreas como juguetería. En algunos momentos, explicó, fue necesario tomar pausas breves para poder continuar con la jornada, una situación que refleja las limitaciones humanas frente a ritmos laborales tan acelerados.
Aunque el periodo más crítico se concentró en poco más de una semana, la experiencia deja ver un patrón que se repite cada año: consumidores que realizan sus compras a última hora y trabajadores que deben responder a esa demanda sin que siempre existan ajustes claros en los tiempos, descansos o condiciones laborales. Con el cierre de la temporada decembrina, el ritmo comienza a normalizarse, pero la reflexión queda abierta sobre la necesidad de equilibrar la alta actividad comercial con el bienestar de quienes sostienen la operación diaria de estas grandes tiendas.